Por: Matías Morales

El viernes 1 de Octubre de 1993 Jorge González deambulaba indiferente por la discoteca Paragon, en Miami Beach. Un suculento contrato que había firmado con la EMI, lo obligaba a asistir al lanzamiento de la filial latina de la cadena televisiva MTV. El lugar estaba repleto de gente bien y, por supuesto, de algunos artistas además de González: el trío Soda Stereo, Fito Páez, Gloria Stefan, Phill Collins, entre otros. Pasadas las 23:00 hrs., Alfredo Lewin (el VJ chileno) anuncia el primer video que saldrá al aire por la señal del flamante MTV LATINO. El primer video, el más importante, debía reflejar la identidad de la nueva filial y la visión de la música latinoamericana que iba a ser transmitida a los latinoamericanos mismos y al resto del mundo. Llega el momento y en pantalla aparece el video de “We Are Sudamerican Rockers”.
¿Por qué MTV habrá elegido este video de Los Prisioneros para representar la identidad de su nueva señal latina? Una posible respuesta: el video de los chilenos reivindica el valor de los músicos de este lado del mundo. Los sitúa como sujetos alternos que han recibido durante toda su vida influencias musicales foráneas, pero han sido capaces de levantar un estilo propio, más directo y menos espectacular. Alejados, muchas veces, del glamour y de las comodidades del show business, los artistas latinos han emergido como luchadores dentro de contextos políticos agitados, dictaduras, crisis económicas y descontentos sociales masivos. MTV tuvo la habilidad para detectar que existía un mercado muy sensible, repleto de consumidores que empezaban a sentirse parte de una cultura alternativa, pero que no tenían un medio de comunicación masivo donde verse reflejados.
Aún cuando fuera negocio, las intensiones del canal musical eran legítimas. Existía una carencia de información y, en ese entonces, MTV supo llenar el vacío. Ahora, es cierto que hubo desde un principio una especie de paternalismo musical, considerando que una porción mayor de los videos transmitidos formaba parte del repertorio globalizado. Pero sería pecar de localista e ingenuo pretender que MTV tenía la obligación de contribuir a la formación de una identidad latinoamericana auténtica, apegada a sus raíces musicales. MTV sólo quería mostrarnos que existía una escena musical latina, más chanta pero no menos digna y, como agregado, meternos por el culo toda la cultura globalizada. Este hecho traería consecuencias nefastas en el futuro.
En 1993, entonces, MTV LATINO inicia sus transmisiones con un grupo de programas que eran grabados en los estudios de MTV NETWORKS en Miami. El primer cuarteto de VJs (todos residentes en la ciudad gringa) estaba compuesto por la cubana Daisy Fuentes, el mexicano Gonzalo Morales, el chileno Alfredo Lewin, y la exquisitez argentina Ruth Infarinato. La primera tanda de programas se caracterizó por una cosa: reproducción constante de videos. Aún cuando había un gran contingente de clips importados, existía el espacio para que bandas locales fueran vistas. En programas como “Headbangers” (orientado hacia el metal y el rock más pesado), “Lado B” y “XPO” la participación de los VJ’S era escasa: presentación y entrevista, el resto era disfrutar de de los videos y de la música. Si bien, MTV siempre ha sido un canal que se ha ocupado más de los productos musicales vigentes, en ese tiempo tenía la decencia de contemplar distintos espacios para bandas históricas, disueltas, locales y desconocidas.
A medida que pasaban los años la popularidad del canal iba en aumento. Durante los años 1995 y 1996 la cadena televisiva empieza a sufrir cambios. Se integran nuevos VJ’s al staff (los mexicanos Edith Serrano y Arturo Hernández) y nuevos programas: “Nación Alternativa”, “Raizónica”, “Top Ten US”, “Semana Rock”, entre otros. También se agregan los primeros programas de animación, como “Beavis and Butthead”, que igual contribuían en dar a conocer nuevos sonidos alejados del repertorio más pop.
Si bien, se implementaron ciertos cambios MTV seguía siendo un medio que privilegiaba la reproducción de material alternativo. Todavía persistía la intención de dar cabida a estilos musicales y bandas que no formaban parte del mercado pop. La cultura joven poseía un medio de comunicación y cultura que lucía independiente (esto siempre fue una gran mentira, pero la vendían bien). Desafortunadamente no duró por mucho tiempo más.

La segunda mitad de los 90 se vio azotada por el auge del pop desechable. En Linares o en Kuala Lumpur se podía ver a los Backstreet Boys jugando básquetbol y peleándose por una chiquilla, y las Spice Girls se paseaban por el mundo pateando cocos con plataformas de 15 centímetros y vendiendo Impulse. MTV se tuvo que hacer cargo de un fenómeno que no podía ser ignorado, y optó por salir del closet. Pero fue de a poco, los espacios alternativos no dejaron de existir, simplemente se les fue quitando protagonismo. Para paliar la evidente preferencia por el pop globalizado, MTV empieza a segmentar la señal latina en zonas: Norte, Centro y Sur. De este modo, tenía la posibilidad de agregar contenidos locales al mismo tiempo que seguía transmitiendo las preferencias musicales del mercado.
Para el año 1999 nos encontramos con un canal muy distinto al de sus inicios. Los primeros VJ’s ya no existen, han llegado nuevos. La interacción con el público empieza a ser fundamental y se crea el sitio Web MTVLA.COM a través del cual los televidentes programaban los contenidos que querían ver en pantalla. Pero el cambió más importante se produce en la programación. Si bien, llegan algunos shows destacables como “Behind the Music” o “Daria”, otras incorporaciones son absolutamente idiotas, como “The Tom Green Show”, “Jackass” y los “Making the Video” con Ricky Martin, N’Sync y Blink 182.
Desde el año 2000 hasta ahora el asunto ha empeorado. Cada vez hay menos videos y más imbéciles. La gente de MTV perdió la virtud de resistirse un poco a las presiones del mercado pop. Lo más escandaloso es que detrás de los sutiles cambios en la programación hay una intensión evidente de modificar nuestra identidad cultural. Durante los primeros años de este nuevo milenio MTVLA ha incorporado una serie de shows gringos que nos muestran, por ejemplo, los despilfarros de un grupúsculo de idiotas bien parecidos (Laguna Beach) o la frustración de una chica que quiere ser tan famosa como su hermana y no puede (Ashlee Simpson Show). ¿Cuál ha sido el objeto de esta invasión? Educar a los adolescentes latinoamericanos, que conozcan las dinámicas sociales foráneas, que las asimilen y que las practiquen (¿Cuántos sacos de wea habrán hecho gags como los de Jackass?). De este modo, cuando MTV iniciara sus megaproyectos QUIERO ESTAR EN MTV y MTV ES GENERADO POR MI Y POR TI, la implementación de los mismos programas y de los mismos formatos, pero esta vez con participantes latinoamericanos, tendría la aceptación suficiente como para generar descomunales ingresos. Y así fue.
No es nada nuevo decir que la cultura extranjera, sobretodo la gringa, siempre ha cautivado más que la propia. El problema es que lo de MTV es un descaro: se sienten con la confianza de ser el canal Nº1 en Latinoamérica, el canal más visto por lo jóvenes, el canal que más representa a la cultura joven de hoy… ¡De qué estamos hablando! Hace varios meses atrás se celebraron los 30 años del nacimiento del punk. MTV, por supuesto, hizo un especial con el objeto de celebrar. Iggy Pop conducía el show y aportaba buenos datos sobre los Stooges, la Velvet Underground, los Sex Pistols, los Clash, los Ramones… las bandas que había que nombrar. Pero esos grupos no tienen ninguna significación para los jóvenes MTV. ¿Solución? Entre las intervenciones de Iggy Pop pasaban videos del “punk” que sí conoce la generación que hoy ve MTV: Blink 182, Sum 41, Avril Lavigne. Ni siquiera tuvieron la decencia de poner videos de las mejores épocas del punk revival, aunque fuera The Offspring o Green Day. MTV y MTVLA nos educan en consumo, y desvirtúan la labor de la música como manifestación cultural, de identidad, de introspección y de trasgresión.

Ver hoy MTV (al menos la señal que sale en Chile) significa enfrentarse a casi un 100% de programación destinada a shows de variedad, ya no quedan videos, ya no hay música. La gran apuesta de MTV es que el canal lo hagamos tú y yo, que nos metamos a http://www.mtvla.com/, que escojamos nuestros videos preferidos, que postulemos para que algún día aparezcamos en pantalla bailando o cantando Paulina Rubio o Kudai, o que veamos la foto de una chica gótica peruana o de Damián, un emo-punk argentino de Banfield, y votemos si son Sex Si o Sex No. Por el sitio Web pasa todo. En estos momentos los ejecutivos de MTVLA están satisfechos porque todos los jóvenes quedaron bien instruidos, ahora ellos aplican los formatos y nosotros les hacemos los programas. ¿Tan cagados estamos que algunos se entregan a este medio bajo la pancarta de la participación, de la interacción, del intercambio Web? Si los fines fueran distintos todas estas dinámicas serían respetables. Debería darnos vergüenza prestarnos para semejantes idioteces. Nos degradamos y gratis.
Con su diseño sobrecargado y una publicidad vacía MTV y su repertorio de programas queman más neuronas que el mejor de los paraguas. Shows como “Enchúlame la máquina” (Donde un auto que está pal pico queda mejor que el batimovil), “Made” (Donde, por ejemplo, una niña machorra quiere dejar de tirar escupos para convertirse en una mujer de verdad) o “Quiero una cara famosa” (En el cual Leslie, de Michigan, quiere someterse a cirugía para parecerse a la Angelina Jolie, y así su ex novio Bryan la pesque de nuevo) representan una degradación de los jóvenes. Se incentiva la vergüenza sobre uno mismo, la autonegación es valida porque MTV te da la plata y la tribuna para que te hagas de nuevo. En vez de destacar las identidades diversas que existen en Latinoamérica, MTV glorifica a quienes solucionan sus inseguridades y problemas de manera uniforme, con dinero y con objetos.
Pero la muestra no se agota. La imbecilidad toca fondo en porquerías como “Next” (Donde Arturo, un latin lover urbano, asegura que se va a quedar con la chica por que tiene la “salchicha más picante”), Quiero Mis 15 (En el que una quinceañera ostentosa y patética le pide a su papá que le contrate a Eminem para su fiesta, pero como no puede, sólo podrá contentarse con un Ford Carrera). Los jóvenes que muestra MTV (antes gringos, ahora aparecen más latinos) son individuos decadentes y egocéntricos, que sólo desean ser apreciados por su buena facha, su onda, su estilo, y no se dan cuenta que la mierda se les sale por las orejas.
Detractores de MTV hay muchos, y de distinta índole. Desafortunadamente, los que más se han hecho notar son los mismos conservadores de siempre que aún no saben que entre las piernas les cuelga el pene, y no “la cosa”. Esta gente manifiesta su repudio hacia MTV porque es vitrina de conductas inmorales y de una juventud descarriada. Para ellos es inaceptable que un show donde una “lolita” queda en paños menores mientras baila (Dance Sin Ropa) sea transmitido en horario familiar, cuando los niños católicos aún no duermen. Y más encima, se quejan porque la gente manda mensajes de textos con groserías (Ej: Guatón Ga* de mie*da, eres un put* y no sabes bailar). ¿Esa es la transgresión joven que muestra MTV, esa es la verdadera cultura juvenil activa, descarriada y contestataria? Todos esos críticos conservadores podrían calar un poco más hondo, y darse cuenta que el control parental que ponen en un sus televisores es tan idiota como los programas mismos.
Deberíamos sentirnos mal de que exista un canal de televisión dedicado exclusivamente a este tipo de porquerías. De nosotros mismo depende que recuperemos un lugar donde se trate a la música y a nosotros con un poco de respeto. Si MTV lo hacemos nosotros entonces también tenemos el poder de deshacerlo.


0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.