Por: Matías Morales

Los Beatles y Violeta Parra como grandes modelos formativos. Los Jaivas como el maravilloso encuentro de dos mundos musicales y, a partir de ellos, la necesidad imperiosa de sumergirse en la sonoridad latinoamericana, para luego -con el rock argentino mediante- reencontrarse con el rock y el pop anglosajón. Es el recorrido por algunos de los discos significativos para Lalosky, guitarrista de La Mano. Un viaje donde siempre ha existido la búsqueda de una continuidad para nuestros sonidos originarios, pero sin dejar de poner atención a lo que ocurre más allá de Chile y latinoamérica.

The Beatles – Let It Be (Capitol, 1970) // Gilbert O’Sullivan – The Best of Gilbert O’Sullivan (Rhino, 1991)
-“The Long and Winding Road”, una canción del disco Let It Be, de los Beatles, es la canción más antigua de la que tengo recuerdos; es una canción que me ha acompañado toda la vida y que de alguna forma define mi relación con la música, la define sin palabras, sin cabeza, solo sensaciones, ideas que cruzan, es un modelo. El Let It Be es, al mismo tiempo, un disco significativo porque fue el último de los Beatles antes que quedara la cagada, y representa el final de un ciclo.
La segunda canción que recuerdo es “Alone again (naturally)”, de Gilbert O’Sullivan. En mi familia bromeaban porque supuestamente la cantaba en inglés, pero en inglés de un niño de tres años, de Santiago de Chile, proveniente de una familia que nunca estuvo en Inglaterra, Estados Unidos o país anglosajón alguno, ni en colegio bilingüe.

Violeta Parra – Canto y guitarra El folklore de Chile, Vol. I (EMI Odeon, 1956)
-Uno de los grandes discos que estaba en mi casa era el Canto y guitarra. El Folklore de Chile Volumen 1, un disco del año ‘56, con una portada verde, donde sale la Violeta tocando la guitarra así como yo he visto que la tocan los poetas populares – porque yo soy hijo y nieto de poetas populares – que no la agarran con la posición de guitarrista clásico, sino que parada, apoyada sobre las rodillas, con las rodillas juntas, y con el mango hacia arriba, apuntando hacia el cielo.
Yo era melómano desde chico, y ese disco lo tocaba con el horror de mis papás porque se podía rayar, pero apenas se descuidaban yo pescaba el LP y lo hacía sonar en el tocadiscos. Escuché canciones que se metieron en mí y que constituyen los primeros rayones sobre ese pizarrón en blanco que uno tiene cuando niño – o en negro, dependiendo de la tecnología del pizarrón, si es con tiza o con plumón – y ha sido tan significativo que, de hecho, cuando agarro la guitarra de palo una de las primeras cosas que se me vienen para tocar son las “Tres cuecas punteadas” que salen en ese disco.
En mi casa, Violeta Parra era un personaje casi familiar y se hablaba de ella como una amiga, como una amiga muy admirada pero cercana. Ella es el canto popular, y quisiera sacarle todo el contenido demagógico que esta afirmación arrastra pero, tal vez, a estas alturas, ya ni sea necesario hacerlo. Más allá de la mirada política de los hechos de entonces y de los hechos posteriores, la figura de Violeta Parra, una mujer, que también pudo ser un hombre, con una guitarra, cantando, convirtiendo en canciones el sentir de un grupo de personas, es una cuestión de una trascendencia que uno no puede ignorar. Ella es el canto tradicional chileno y nos enseñó, además, a reencontrarnos con nuestra tradición cuando nos habian mostrado, o habian querido hacernos creer que el folklore de Chile eran Los Huasos Quincheros, con sus canciones patronales, canciones inventadas por músicos cultos, con temáticas bucólicas, donde no existía el conflicto, el dolor, la pobreza, el abuso, el desamparo.

Los Jaivas – Los Jaivas (EMI Odeon – 1975), Canción del Sur (EMI Odeon – 1977), Alturas de Macchu Picchu (CBS, 1981)
-Encontrando maravillosas las canciones de los Beatles, me fui dando cuenta que no entendía las letras. Entonces fue surgiendo esta idea de lo que significaba hacer música para nosotros, y a partir de ahí hubo en mí una apertura a lo chileno y latinoamericano donde me encontré con Los Jaivas. Es curioso, Los Jaivas hoy suenan como viejos, pero en esa época eran los juveniles, eran una nueva expresión que juntaba estos dos mundos, que juntaba a los Beatles con Violeta Parra.
Pienso en los discos Los Jaivas, que algunos conocen como El Indio, Todos Juntos, o la Canción del Sur, como una invención de Chile, como un modelo de la nueva latinoamérica, de la latinoamérica que había sentido el impacto de los Beatles, y fue un fenómeno que pasó efectivamente en toda nuestra región, en Brasil pasó con el tropicalismo, y en Argentina con el rock argentino. Los Jaivas son músicos que, teniendo un pie bien puesto en su propia tradición, se apropiaron de toda la influencia Beatles y de otros grupos similares. No dejaron de tener un pie acá para estar abiertos al mundo. Y esa debiera ser una forma, estar acá y mirar afuera, estar acá y no mirarnos solamente a nosotros mismos.
“La conquistada” es, para mí, una de las canciones más maravillosas de la historia de la música popular chilena. Y de paso afirmo que es la historia de la música popular chilena, y no la historia del rock chileno como se trata de hacer creer muchas veces en los medios; el rock chileno es una pequeña parte de la historia de la música popular chilena. Canción del Sur también tiene esa energía que significaba viajar por lo latinoamericano, y de alguna forma prepara el camino para la tremenda obra que es Alturas de Macchu Picchu, que suma toda la potencia significativa que tiene un poeta como Pablo Neruda para la cultura ya no solo chilena sino que universal. Alturas de Macchu Picchu debe ser una obra cumbre de la cultura latinoamericana y del mundo, por el encuentro que se produce entre la obra de Neruda y la expresión musical de Los Jaivas, que yo considero tremendamente lograda.

Silvio Rodríguez – Días y flores (EGREM, 1975), Al final de este viaje… (EGREM, 1978), Mujeres (EGREM, 1978)
-Todos los creadores deben pasar por periodos extraordinarios y ordinarios de creación. Y dentro de sus periodos extraordinarios, Silvio Rodríguez tuvo desde el año ‘75 al ‘78 una seguidilla de discos tremenda, que siguen el modelo de cantautor iniciado por Violeta Parra. Alguien me preguntaba alguna vez, ¿por qué tanto con Violeta Parra?, y yo respondí “porque antes no existía la forma de cantautor, de una persona tocando la guitarra y cantando canciones con solo ese acompañamiento, era muy pobre, y pararse así y construir un mundo, construir una poética literaria y musical, es una obra de titanes”. Hay unos cuantos valientes que dan el salto, pero no siempre salen bien parados, Silvio Rodríguez sí es uno de los que salen bien.
En La Mano – donde tal vez por ninguna parte se note la influencia de Silvio Rodríguez – hicimos una encuesta y lo elegimos el compositor de nuestras vidas, o sea Silvio Rodríguez está, aunque no se note, en todos nosotros, en el Yiyi, en la Francia, en el Ale Ugarte, en el Edgar, en el Waldo y en la Pame.

Eduardo Gatti – Eduardo Gatti (SyM, 1982) y Eduardo Gatti 2 (RCA Víctor, 1983)
-Siguiendo en la linea de los cantautores, otro que me pareció especialmente significativo fue Eduardo Gatti y sus discos Eduardo Gatti, del año ‘82, y Gatti 2, del ‘83. Por ese entonces yo seguía con algo que para mí fue un desafió y que de alguna forma sigue siéndolo, que es encontrar una expresión contemporánea para la música tradicional chilena, y no quiero decir con esto disfracémonos de huaso y toquemos cueca, etc., sino que démosle continuidad a nuestro sonido. Nuestra música está creada a partir de todas las circunstancias que nos rodean, la música chilena se debe a nuestro paisaje, a nuestro clima, a nuestra cultura, a nuestros orígenes españoles-mapuches. Todo lo anterior funda nuestro sonido, y otras corrientes como los ritmos negros o el rock llegarían después. Esta cosa originaria de lo chileno me ha inquietado siempre, y que Eduardo Gatti, por ejemplo, hiciera versiones arpegiadas de los ritmos folklóricos de Chile y de latinoamericana me parecía tremendamente interesante. Bueno, también dentro de esto estaban Los Jaivas, Gatti y el grupo Congreso, no en vano ellos son una generación. Pero precisamente los discos de Gatti, el primero del año ‘82, donde venía “Quiero paz, “Naomi”, “Sambayé”, todas grandes canciones, me parece una fuente digna de ser revisada por las nuevas generaciones para seguir construyendo.

Charly García – Yendo de la cama al living (Interdisc, 1982), Clics modernos (Interdisc, 1983), Piano Bar (Interdisc, 1984) // Pescado Rabioso – Artaud (Microfón, 1973) // Invisible – Invisible (Microfón, 1974), Durazno sangrando (CBS, 1975), El jardín de los presentes (CBS, 1976) // Luis Alberto Spinetta – Kamikaze (BMG, 1982)
-Como yo estaba con la mirada puesta sobre lo latinoamericano dejé de estar influido por el rock anglo, hasta que conocí a Charly García y a Spinetta. Ellos dos, teniendo carreras bien paralelas, son dos mitades de un mismo mundo, y dos mitades bastante distintas. Charly García como cronista y Spinetta como lírico, como poeta.
De Charly García siempre me sorprendió su capacidad de darle al pop un contenido, un contenido en lo musical, siendo un pop muy simple. Entre los año ‘82 y ‘84 presentó tres discos y con ellos una colección de veintitantas canciones imprescindibles. Él es un tipo híper lúcido que fue derivando en este excéntrico personaje que conocemos hoy, pero pagando el precio y mostrando el precio que pagó.
Por otra parte, Spinetta, más lírico, y en lo musical creativamente más sorprendente. Él y Charly dividieron mi alma en dos polos, era el clásico ser o no ser, caluga o menta, Colo Colo o la Chile, Boca o River, esas divisiones existenciales, dos muy distintos pero al final complementarios, porque sin el Colo y sin la Chile no existiría el fútbol chileno, no habría clásico.
Spinetta, a mi gusto, tiene una obra más… no sé, es difícil, a veces pienso que Charly García es más grande, y otras que Spinetta lo es, y en el fondo me doy cuenta que no vale la pena. De Spinetta puedo mencionar los discos que más me impactaron, como el Artaud, que fue un álbum que sacó como Pescado Rabioso pero donde en realidad cantaba solo, con músicos invitados. Ese disco me mostró una forma increíble de hacer canciones, una cosa impensada, yo recuerdo que le mostraba canciones de Spinetta a mis amigos y se cagaban de la risa, y yo como poseído del alma. Mis amigos de decían “¡cómo podis escuchar eso, esa cosa tan rara!”, y, claro, porque en si no era pop, Spinetta hacía una música que era para el auditor de la sed verdadera.
Después del Artaud vienen los álbumes de Invisible y yo creo que esa es su gran banda, cuando estaba en el apogeo de su quijotada. El álbum Invisible es extraordinario y después con Duraznos sangrando, que tiene ni más ni menos que “Duraznos sangrando”, una de las grandes canciones del rock argentino, y el ‘76 aparece El jardín de los presentes, donde viene “El anillo del capitán Beto”, tremenda, también tiene otra que a mí me vuelve loco, “Niño condenado”, y “Los libros de la buena memoria”.
Yo me pegué el rayón con Charly García y Spinetta como con pocos músicos, al punto de seguir toda su discografía. El año ‘82 Spinetta remató con el Kamikase, un álbum acústico lleno de notables canciones y con esa poética de alto vuelo, que tiene pocos símiles en la música mundial. Siempre me pregunto qué habría pensado un gringo al escuchar a Spinetta en ese tiempo. ¿De dónde salió? ¿Spinetta es un marciano? Musicalmente, quizás. Porque tiene una complejidad armónica sorprendente para alguien que no tiene estudios de música y que se formó como autodidacta.

Pink Floyd – The Dark Side of the Moon (Capitol, 1973) y The Wall (Capitol, 1979)
-Uno de los grupos que me impactó, una vez reconciliado con el rock anglo gracias al rock argentino, fue Pink Floyd. Cuando los escuché sentí que había que parar oreja y, sobretodo, a dos de sus álbumes fundamentales, El Lado Oscuro de la Luna y el The Wall. Ambos son discos conceptuales, con una creación que siempre te tienta y, en el caso El Lado Oscuro de la Luna, fundacional en tantos sentidos, con tanta experimentación sonora, con nuevos instrumentos, y las letras también, a partir de lo que me podía informar en las traducciones porque no soy bilingüe, pero sin duda encontraba un amparo. De repente escuchabas una buena canción de Led Zeppelin y cachabas la letra gracias a la traducción y te daba risa. En Pink Floyd había algo un poquito más intencionado en las letras, y la música era realmente alucinante. Pa’ que decir The Wall acompañado de la película.

The Cure – Three Imaginary Boys (Fiction, 1979) y The Head on the Door (Elektra, 1985) // The Clash – London Calling (Epic, 1977) y Sandinista! (Epic, 1980)
-Avanzando en los ‘80, dos bandas a las cuales me tiré de cabeza a conocer fueron The Cure y The Clash. The Clash con el Sandinista! y el London Calling, porque tenía también una correspondencia con el gusto político, y, además, una diferencia con el punk de grupos como Sex Pistols, que era un punk decididamente anarco. A mí me interesaba el punk con dirección, además los Clash musicalmente eran mucho más creativos, más variados, más finos, más músicos. El punk es un movimiento de actitud, un movimiento casi anti artístico, y The Clash estaban un poquito más allá, estaban haciendo música.
The Cure me mostró una infinita gama de posibilidades de hacer música, después del impacto de Pink Floyd, desde una vereda diametralmente distinta. Yo siempre andaba detrás de la creatividad, mirando y tratado de descubrir dónde estaba este bichito de la creatividad, dónde estaban la razón y el sentido. Y de repente descubro en The Cure que la creatividad podía estar en estructuras armónicas muy sencillas, repetitivas, pero con unas atmósferas envolventes, densas, significativas. Cuesta describir la música en palabras porque, bueno, es la música y no la poesía, pero cuando descubrí a The Cure me tiré de cabeza en ese mundo un poco depresivo y sentí que había una forma de reinventar, de retomar la creación desde otra vereda, y que el pop también era una vía.

Tom Waits – Swordfishtrombones (Island, 1983)
-Por ese tiempo conocí también a Tom Waits, especialmente el disco Swordfishtrombones, una palabra compuesta. En ese tiempo, Tom Waits tenía tres lineas: una de canción blues, otra de balada, y una de canción experimental, de experimentación sonora, con mucha percusión e instrumentos inusuales, no usaba una banda clásica, con batería, bajo y guitarra.
Como The Cure me resultaba una música muy pictórica, Tom Waits era un poco más literario, pa’ mí era como Kerouac, como Bukowski, como la banda sonora de esa gente, aunque por lo menos con Kerouac ya habían muchos años de distancia. Tal vez Bukowski lo conoció, y me imagino que si hubiese cantando lo habría hecho como Tom Waits.

Leonard Cohen – Songs of Leonard Cohen (Columbia, 1968) y Songs of Love and Hate (Columbia, 1971)
-Y en esta relación entre poesía y música de repente se me apareció alguien que no tenía nada que ver con los anteriores, Leonard Cohen, pero lo conocí entrando a los ‘90. Mauricio Redolés me regaló un cassette de Leonard Cohen con estos dos álbumes, y los encontré tan despojados, de lineas melódicas tan simples, desprovistos de aparataje instrumental, era todo lo contrario a Pink Floyd o a los mismos Jaivas, era algo puro, solo la letra de un tipo cantando con una voz nada del otro mundo, acompañado con una guitarra de palo.

Red Hot Chili Peppers – Blood Sugar Sex Magik (Warner Bros, 1991), One Hot Minute (Warner Bros, 1995), Californication (Warner Bros, 1999) // Nirvana – Never Mind (DGC, 1991), In Utero (DGC, 1993) // Smashing Pumpkins – Mellon Collie and the Infinite Sadness (Virgin, 1995)
-Otra vez de vuelta al rock me encontré con tres grandes bandas, dos de ellas indiscutidas y la tercera no sé que tanto la considerarán los medios o los críticos. Primero, los Red Hot Chili Peppers. Yo empecé a darle duro a la guitarra eléctrica por entonces y trataba de sacar con mayor o menor éxito sus canciones. Cuando empezamos con La Mano tocábamos muchas cosas y con algunos integrantes del grupo, con el bajista, por ejemplo, tratábamos de tocar a los Red Hot. No sé por qué, otra vez, los ligué a la estética de Jack Kerouac, bueno, tienen algo de ese mundo que representa al gringo aprovechando la extensión de su territorio, es como un fenómeno cultural de allá, que es atravesar el país con un auto, el viaje por la vida representado en el viaje a través del país, que está en “En el camino”, de Kerouac, y en el video de “Scar Tissue”, pero no sólo estaba en ese video, yo lo sentía de mucho antes y cuando vi el video era como la materialización de algo que yo me imaginaba sin entender las letras, sin tener idea de lo que hablaban. La música de los Red Hot me sonaba a eso, a esa poética sucia, de mendigo, de andariego, de tipo que anda colgado de tren en tren y en la vida. Yo escuchaba a los Red Hot y las ganas de desaparecer y salir a recorrer me quemaban.
La otra banda que me impactó fue Nirvana, con toda la potencia y la simpleza que tenía Kurt Cobain y su guitarra, demostrando que no es necesario tanto. Nirvana y Cobain tienen, además, todo un contenido dramático, cuando aparece el Unplugged y luego él se suicida. Era como la novela de García Márquez, “Crónica de una muerte anunciada”, todos sabíamos que Cobain se iba a matar y nadie podía hacer nada para que no se matara y, al mismo tiempo, todos hacíamos todo para que se matara, sin duda todos lo matamos, nosotros lo matamos, entre otras cosas. Pero al parecer era esa fama que él no quería lo que finalmente lo mató, esa imposibilidad de ser una persona que sólo toca su canción y opina, sin que te endiosen. Había pasado Nevermind, había pasado In Utero, y de repente empezamos a darnos cuenta que había un hombre en la tragedia. Pienso hoy, quizás, en la Amy Winehouse, no sé, no la conozco, pero también es una persona que está al borde del abismo, tremendamente talentosa, y nos reímos de sus excentricidades, no sé si nos reímos realmente, pero las comentamos, cualquier día se muere, y luego pienso en Rodrigo Lira, pienso en artistas suicidas que son admirados, y ellos justamente se suicidaron porque esa admiración no les servía, necesitaban otra cosa que estaba entre lineas y nosotros no la vimos. Nirvana es una cumbre. Kurt Cobain es una cumbre. Es como entiendo habría dicho Ulises al borde del mar mediterráneo, non plus ultra, no más allá, no vayan más allá.
Bueno, y después, el disco doble de Smashing Pumpkins, el Mellon Collie, que me pareció extraordinario, otro de los grandes discos de los ‘90. Extraordinario porque tal vez me siento representado por esa exquisita diversidad que tiene, que va desde temas absolutamente sucios, rockeros, con guitarras, con toda la ganancia, a baladas, a canciones casi de época. Me pareció un disco notable.


1 respuesta hasta el momento ↓
Ximena // Agosto 2, 2009 a 4:09 pm |
Qué gran selección! Felicitaciones.