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Aclaración impetuosa

La Vagoneta está a la deriva y así seguirá.

Editorial Nº1 (Enero 11, 2008)

¿Vale la pena dar vida a un sitio dedicado exclusivamente a la Música Chilena? Si desatendemos a las preferencias del mercado, a los criterios economicistas de gestión cultural y a esa conciencia dominante que aboga por el producto importado, la respuesta no puede ser otra que una afirmación rotunda. Sí, vale la pena. Porque al desvincular una labor de la óptica de la cifra lo que suele quedar es el trabajo puro, focalizado en la entrega de contenidos sopesados por su valor artístico, no por su valor en billetes y monedas.

 

Un contenido: La Música Chilena. La música hecha por chilenos de aquí, de Chile, y por chilenos de allá, de afuera, pero que siguen siendo de Chile. La música que recorría incidentalmente las ciudades en épocas previas a la urbanización; música surgida del compartir de campo, del apego a la tierra, de la mitología rural. Música que ha viajado hasta el día de hoy, transportada por las maravillosas voces de nuestros folcloristas y cantautores. Música virtuosa, cincelada por las manos de eximios compositores. Música acogedora, que ha sabido integrar las ricas sonoridades de otras culturas, dejando espacio a la creación propia, a la saludable mezcla. Música colorida, diversa y orgullosamente mestiza, orgullosamente chilena. Música comprometida con decisivos momentos históricos. Música prostituida; llevada a la gloria en coitos que duran un periodo electoral, para luego ser abandonada miserablemente. Música generosa, que existe para todos y no se cuadra frente a ningún género o estilo. Música perpetua y trascendente, que pese a todo sigue y seguirá sonando.

 

2007 fue un año particularmente productivo para la Música Chilena. Una gran cantidad de discos fueron editados, y una porción mayor de esta totalidad de discos resultó ser de muy buen nivel. Las nuevas tecnologías han tenido un favorable impacto en el trabajo de las bandas y artistas, quienes han mejorado sustancialmente la calidad de sus producciones. Al mismo tiempo, esas tecnologías han sido utilizadas para dar origen a un masivo repertorio de proyectos musicales, algunos más sobresalientes que otros. Es incuestionable la gran actividad musical que tiene hoy Chile, no sólo reflejada en números, sino también en la diversidad de estilos que se cultivan, y en la notable capacidad de organización que han tenido las bandas para dar a conocer sus sonidos de manera conjunta, ingeniando canales alternativos de difusión.

 

La creciente actividad es un excelente apronte, que incluso motiva a pensar que estamos ad portas de un auge definitivo de la Música Chilena. Desafortunadamente, vivimos sumergidos en una incesante irregularidad y pareciéramos estar siempre a un paso de ese anhelado apogeo. Algunas posibles causas: la educación musical subvalorada en programas educativos que satisfacen las preferencias del mercado, sobrepoblando el país de profesiones tradicionales, y provocando que la vocación musical sea asumida después de largas reconsideraciones. Sólidas cortinas de hierro se han levantado entre algunas bandas, el estrechamiento de lazos se ha visto impedido y la solidaridad artística muchas veces ha quedado circunscrita a grupos restringidos. El público, prejuicioso y fundamentalista, también ha contribuido a la fragmentación aproximándose con odiosidades hacia la diferencia musical de otros. La escena, por muy activa que esté, sigue anclada mayoritariamente al circuito nocturno, los menores de edad carecen de posibilidades de acceso vivencial al repertorio completo de bandas (salvo por los eventos musicales ciudadanos y gratuitos, que suelen ser pocos durante el año). La pobre cobertura mediática que tiene nuestra música; la escasa rotación radial y televisiva; la poca voluntad y osadía de los medios grandes para privilegiar espacios al trabajo de los músicos de Chile; el nefasto vuelco que ha tenido la difusión de cultura a través de publicaciones e instancias comunicativas prefabricadas, vehículos publicitarios, no culturales, donde lo chileno es lo anecdótico, la peculiaridad autóctona entre páginas que respiran más New York que Santiago, Chillán, Linares, Coyhaique, Puerto Montt, Iquique, Concepción, Valparaíso, Valdivia, Ovalle, Chañaral y un largísimo etcétera. La confluencia de todos estos factores (y muchos otros más que por desconocimiento no han sido enumerados) ha generado un amenazante desinterés por la música de acá.

 

Inestabilidad, irregularidad, un incesante movimiento pendular de luces y sombras, levantamientos y entierros. Aún así resulta imposible pasar por alto que durante esta década han surgido instancias que han contribuido a revertir algunas de las situaciones enumeradas precedentemente. Personas que han trazado su línea de trabajo alrededor de la Música Chilena, dedicándose a su difusión de manera seria, ofreciendo públicamente el fruto de su labor para que sea accesible por todos; que se han afanado en el rescate y redescubrimiento de nuestros valores musicales históricos, sin ignorar la contingencia y la música de las actuales y nuevas generaciones. Personas e instituciones que no han desconocido la condición globalizada del Chile actual, pero han sabido conjugar pretensiones universalistas con un profundo sentido de arraigo; fuerza vital que ha impulsado el acercamiento de la música chilena hacia todos nosotros.

 

A estas personas e instituciones se aproxima La Vagoneta, no con un ánimo profético y aleccionador, si no más bien, cooperativo. Dos nociones fundamentales se desprenden de su nombre: primero, el recorrido, el tránsito infinito que no conoce límites geográficos; luego, el contenido. La Vagoneta recoge parte de la labor iniciada por Revista Parlante, y a medida que se produzca el recorrido, se irán incorporando nuevas manifestaciones musicales, indistintamente de su estilo de procedencia. Aspiramos, entonces, a una paulatina integración de la actividad musical que se produce en regiones, sin descuidar el respeto por la diversidad en el repertorio, y evitando caer en la condescendencia que justifica todo por el mero hecho de ser creación artística chilena. La constitución de La Vagoneta, como un medio de difusión real para nuestra música, pasa por el apropiamiento de las facilidades que da hoy Internet (contenido gratuito, complementado con un pequeña muestra de audio y video de la obra de nuestros músicos); pasa también por la producción de contenido original y de calidad, contenido nuevo, elaborado a partir del conocimiento preexistente, mediado por el trabajo acucioso, la investigación y la opinión fundamentada.

 

Anhelamos que La Vagoneta se convierta en un espacio de diálogo, un testimonio desprovisto de hermetismo, donde transiten información y discurso sobre la Música Chilena; donde sólo un clic de distancia separe sonidos disímiles, generando alternativas de conocimiento real que ataquen la desinformación oculta detrás del prejuicio. En definitiva, queremos que La Vagoneta sea un reencuentro con lo propio, una humilde dotación de identidad musical chilena que, a fin de cuentas, nos pertenece a todos.

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